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Artículos
Sala
Maragall. Noviembre 2005
Carme Bassa:
el color de una feminidad universal
La exposición
de pintura de Carme Bassa propone una mirada poética al mundo
que nos rodea, ya sea revelando el alma de los objetos cotidianos
a partir del diálogo que conforman desde su presencia compartida
o la carga emotiva que les otorga el tiempo de convivencia; ya sea
en la conexión cósmica de un diálogo universal
que aproxima conceptos y representaciones, acercando culturas y eludiendo
fronteras tanto geográficas como cronológicas.
Es posible
proponer un hilo conductor para captar toda la complejidad de la obra
de esta artista que observa el mundo que le inquieta desde una perspectiva
femenina, que no feminista. Atreviéndose a utilizar esta palabra
menospreciada por una cultura de claras connotaciones machistas, poniendo
sobre la tela otra voz a la cual se suman ecos infinitos.
BUSCAR TRABAJANDO.
Sus obras nunca parten de un concepto premeditado, es el diálogo
constante con la pintura, durante el proceso de trabajo, quién
va desarrollando los contenidos. El contacto con los materiales, mientras
pinta, provoca que la sensibilidad fluya de forma natural, haciendo
extensivas todas las pulsiones interiores a la mano encargada de representar
sus sentimientos. Por otra parte, esto nos revela una artista incansable
a la hora de adentrarse en lo desconocido para cazar lo inesperado.
El procedimiento
técnico que Carme Bassa utiliza en la elaboración de
su discurso artístico es la encáustica tradicional (cera
de abeja mezclada con resina y pigmentos). Este dato ya comienza a
tejer el discurso de una intención que también se desarrollará
en el contenido: la conciencia del pasado.
SÍMBOLOS
UNIVERSALES. Las incisiones que dibujan signos y símbolos de
todo un universo particular y a la vez universal, llevan a la memoria
la necesidad humana del trazo, de la huella. Los cuadros podrían
llegar a ser paredes para la casa de la alma, o un espejo atemporal
en la permanencia del gesto. Pinturas rupestres, símbolos de
culturas antiguas o dibujos de Paul Klee, en definitiva la magia de
ser consciente de que existe un código de comunicación
coincidente cuando se aprende a escuchar y a participar de la sinergia.
DIOSAS. Las
representaciones femeninas que realiza Carme Bassa están hechas
desde la óptica de una mujer a quien le interesa el mundo de
la mujer. Cómplice y partícipe, la sublima en tanto
que ha escogido el símbolo de una mujer que representa la divinidad,
recuperando, además, raíces ancestrales.
Sus diosas
evocan formas del mundo clásico prehelénico, concretamente
las del estilo protoático como, por ejemplo, la Señora
de les Bestias. Dibujadas en geometrías que determinan la capacidad
de síntesis, con líneas vibradas que sugieren la fuerza
y dentro de una estética que perfila toda una identidad formada
por un legado fuertemente mediterráneo, queriendo recuperar
también el aspecto sagrado de la pintura.
LUZ DE LA MEMORIA.
La sensibilidad de esta artista la emplaza a investigar de forma poética
el mundo que la rodea. Carme Bassa destila en sus obras algo que le
viene de muy adentro, y es por ello que el sustrato cultural de lo
que ha vivido se manifiesta, bien evocando frescos de Pompeya desde
las ventanas de sus arquitecturas pintadas, claustros o grafías
de culturas ancestrales flotando en los paisajes de la memoria, habitados
por la luz cerrada del recuerdo. Un recuerdo antiguo, por el carácter
de envejecimiento que da al tratamiento de las piezas, y vivo, por
el carácter de contemporaneidad que tiene el discurso de la
posición de la mujer en la sociedad actual.
Pilar Giró
(Revista Bonart, noviembre 2005)
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Sala
Maragall. Noviembre 2003
CARME BASSA.
LA VISIÓN DE UN MUNDO QUE PODRÍA SER IDÍLICO
La primera
condición para ser artista es sentirse como tal y, después,
acto seguido preocuparse por los medios para conseguir que los elementos
del entorno además de mostrarse y hablarnos de ellos mismos
sirvan para que nosotros nos podamos expresar con ellos. Eso es lo
que ha hecho siempre Carme Bassa, nacida en Barcelona que, de antemano,
ya en sus primeras inquietudes creativas, intentó ordenar su
sensibilidad asistiendo a clases de arte de la Escuela Massana y,
acto seguido, proseguir aquella práctica inicial en la ingeniosa
Escuela Eina –donde profesaba el sutil artista pintor Albert
Ràfols Casamada–, que emplazó a Carme Bassa en
aquel momento extraño y difícil a no fiarse de lo conocido,
y ésta es la misión del arte, penetrar en lo desconocido,
que es lo que, si realmente se es artista, debe procurar hacer todo
aquél que se siente empujado por la inquietud de intentar averiguar
un sentido menos arrastrado, práctico e inmediato de nuestro
mundo, para hacernos sentir, a través de las emociones, que
la realidad puede ser también una poética. Por si todavía
le faltara algo a Carme Bassa, completó su formación
asistiendo a la Accademia dell'Arte, de Florencia, aquella ciudad
que genera en todo el mundo que se le acerca el síndrome de
la inagotable ansia de belleza permanente.
Lo que acabamos
de escribir lo podemos verificar en la exposición que se celebra
a la “Sala de Arte Maragall”, de Barcelona. De entrada,
como era previsible, nos daremos cuenta de que la primera cuestión
que preocupa a la artista es la del soporte de la obra y del procedimiento
de ejecución. Para la experiencia creativa actual opta por
la técnica de la encáustica, aquella antigua manera
de hacer que, para mantener los colores en todo su frescor y potencia,
los diluía en cera caliente. Ésta es su primera acometida.
Acto seguido, la temática que tratará, con una fianalidad,
sin embargo, muy propia de nuestro tiempo, es la de un mundo idílico,
donde será la mujer la que representará a la mujer;
es la mujer que se interesa por mundo de la mujer, contra la visón
habitual de la mujer vista por el hombre artista, que entra como un
voyeur en el mundo femenino. Para tratar este tema había que
proponer un sistema representativo atractivo; la artista lo ha encontrado
al ámbito de las formas del antiguo mundo clásico prehelénico:
aquellas geometrías que se expresan ellas mismas porqué
permiten al creador ser espontáneo y directo, al tiempo que
crean un ámbito de texturas que dan plena satisfacción
al ojo ávido de aquel mundo que empieza a desfilar ante su
mirada. Las mujeres, ahora diosas, cubiertas con sus vestidos sugerentes,
trazados con la geometría de la línea vibrada, intermitente,
son ofrecidas por la artista mediante una nueva ampliación
de procedimiento, el del collage plástico. Eso convierte la
obra en unas esculturas incipientes que otorgan a los cuadros un atractivo
añadido, puesto que, por ejemplo, en los utensilios, el procedimiento
del collage permite que el tratamiento sobre el plano permita mostrar
visualmente aquellos elementos en una ilusión de profundidad,
sin echar mano de ningún tratamiento geométrico preestablecido.
Pero no es
sólo eso. A la artista le atrae el mundo del paisaje, que nos
el da en la más idílica visión mediterránea,
y nunca sirviéndose del tema de la mujer ayudada y pasiva,
sino en aquél en el cual la mujer se mueve, es dinámica
y se posesiona de su entorno y ambiente. Como si con ello no tuviese
bastante, crea también, con la problemática añadida
de nuevos procedimientos – polvo de hierro – unas naturalezas
muertas, unos interiores que proclaman bien claramente que nuestro
mundo no es de desesperación si lo sabemos ver y tratar desde
otros planteamientos: los de la sutilidad, sensibilidad y belleza.
Arnau Puig.
Filósofo y crítico de arte.
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Sala
Maragall. Junio 2002
AIRES DE FLORENCIA
Formada en
la Escola Massana y en Eina, donde además de pintura cursó
cerámica y otras diferentes técnicas, del grabado al
fresco, Carme Bassa (Barcelona, 1953) amplió luego estudios
en el prestigioso Instituto de Arte Lorenzo de Medici de Florencia.
Tal bagaje de conocimientos y recursos técnicos tiene como
primera consecuencia una obra esmerada y cuidada en extremo de cierto
toque renacentista.
De preferencia
se vale, para obtener composiciones delicadas e imaginativas, de la
encáustica, mezclando cera de abeja con pigmentos y resinas,
lo que les da una calidad de pureza. El grosor de la materia le permite
incisiones o grattages que pueden resolverse en figuraciones esquemáticas.
Y dice: "En una composición abstracta puedo incorporar
elementos figurativos que evocan tanto la vida cotidiana como mis
preocupaciones vitales y sentimentales". Aunque no siempre da
título expreso a sus diferentes imágenes, éste
puede aparecer en forma de grafismo como en "Tendedero".
Puede también distribuir los elementos de un puerto como grúas,
tinglados y buques ("Cerca del mar"), prescindiendo de la
perspectiva renacentista para adoptar la perspectiva plana del arte
primitivo. O en lugar de trabajar a la encáustica mezcla polvo
de hierro con colas y acrílicos para obtener superficies trabajadas
con técnicas aprendidas de la abstracción que dan sus
composiciones más vigorosas, más pictóricas y
desde luego de mayor interés plástico.
M. Lluïsa
Borràs (La Vanguardia, 10-05-02)
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Sala
Maragall. Junio 2002
Carme Bassa
y el soporte técnico
Carme Bassa
se encuentra en el momento óptimo para lanzarse a ser la gran
pintora que se adivina en el excesivo dominio técnico de sus
cuadros. El oficio nunca está de más, siempre que aparezca
como algo natural. Y en especial, espontáneo.
Pero Carme
Bassa, que tiene excelentes maneras de decir, aún se complace
demasiado en sus lenguajes: la encaústica, combinada con cera
de abejas, resinas y pigmentos; y el hierro en polvo, mezclado con
acrílicos y colas. Los resultados formales son buenos y llaman
la atención. En el espacio de pocos años Garme Bassa
ha ofrecido muchas exposiciones y ha ganado en lo formal.
Josep M. Cadena
(El Periódico)
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Galería
Article 26 (1999)
El mundo que
crea Carme Bassa es un mundo nuevo y antiguo al mismo tiempo. Como
la belleza y el carácter que dan los años, su trabajo
tiene la profundidad y los surcos de una cara que ha vivido, que ha
madurado y que se ha transformado en algo mejor y más complejo.
Sus pinturas, sutilmente trabajadas, son ofrendas que contienen gestos
y siluetas de imágenes implícitas y de objetos fugaces.
Figuras gravadas en múltiples capas sobrepuestas, casi bajo
relieves, que enlazan con una iconografía prehistórica
que recuerda a veces los petroglifos de viejas culturas ya desaparecidas.
Estos elementos gráficos en su obra son el recuerdo de una
memoria antigua, que nos hablan de lugares y épocas remotas.
Sin dejar su
tierra, Carme Bassa va más allá, proyectándose
a partir de formas y texturas que son un reflejo subliminal de su
geografía, y del uso de formas y colores muy propios de la
austeridad catalana. Sus superficies, de densa textura, están
muy influenciadas por las tonalidades que se hallan en este entorno.
Utiliza básicamente las gamas terrosas y un azul luminoso y
muy mediterráneo. En sus pinturas sobre tela con técnica
encáustica, hay una estética voluptuosa de pigmentos
y materiales; de múltiples capas en las que la pintura se mezcla
con polvo de mármol, resinas, cera de abejas y parafina, para
crear una superficie densa y trabajada. Como huellas sobre la arena
del desierto, la pintura de Carme Bassa está llena de símbolos
enigmáticos de un lenguaje secreto gravado sobre cera.
Katherine Slusher
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Galería
Art Sud, Toulouse, 1996
A pesar del
riesgo de caer en la simplificación, podríamos decir
que en la producción de Carme Bassa hay dos tipos básicos
de obras, dos caminos que ha recorrido paralelamente. Siguiendo esta
división, encontramos, por una parte, obras figurativas y,
de otra, composiciones abstractas. Dentro de la primera categoría,
encontramos ejercicios de representación, de mirada hacia el
exterior, mientras que la segunda se refiere a ejercicios de gesto,
que resultan de una observación interna y de una exteriorización
espontánea.
En el primer
gran bloque de obras, encontramos representados los elementos de la
domesticidad, del espacio interior, de las cosas externas vistas desde
dentro, a menudo a través de una ventana o de un balcón.
Como estadio intermedio, hay una serie de obras en las cuales hay
un componente de ordenamiento armónico nacido del respeto y
de la admiración por los objetos y por las formas externas
que rodean la artista. Son elementos que le hacen compañía
y que están cargados de sentido y de asociaciones. Los objetos
más próximos le sirven de referentes formales e iconográficos,
a partir de los que puede empezar una investigación de posibilidades
de forma, de luz, de gesto y, en última instancia, de expresividad.
De esta inmediatez
cotidiana, Carme pasa, en el segundo bloque de obras, a su universo
interior, a toda una simbología que sugiere temas más
personales e íntimos. Estas pinturas más abstractos,
aún cuando recurren a elementos iconográficos reconocibles,
son composiciones simbólicas que se han de ir descifrando y
que exigen que estemos abiertos a aquello que allí se nos explica.
Son obras que es preciso contemplar sin prisa y en las cuales se deja
al descubierto, casi de una forma figurativa y con determinación,
la autocensura y la duda. Ya dentro de este modo más abstracto,
la línea, el grafismo y la composición abstracta sirven
para expresar estados personales. Encontramos también un estudio
respetuoso del color, del conflicto cromático, del diálogo
que establecen los colores entre sí y de las posibilidades
expresivas de su simbolismo.
En las últimas
creaciones, composiciones de formato pequeño a menudo apaisado,
hechas con una técnica de resina que se seca muy rápidamente,
Carme Bassa se atreve a hacer lo que ya hacía en las tintas
chinas del año 1994. Se trata del estudio del trazo como síntesis
instantánea de aquello aprendido y asimilado, una traducción
rápida y espontánea del bagaje adquirido por la artista
y que, sin embargo, desafía toda posible intencionalidad. Se
trata en cierto modo de no hacer demasiado caso de segundas intenciones,
de dudas de última hora, ni de caer en la tentación
de introducir “correcciones" o modificaciones posteriores.
Se trata, en definitiva, de forzar la confianza en el gesto espontáneo.
En las resinas
hay un componente de limitación expresa del tiempo de que el
artista dispone para la ejecución. Es preciso decir algo en
un espacio de tiempo dado y conocido de antemano, y ver qué
pasa. Eso obliga a una reflexión previa de lo que se quiere
conseguir, pero también deja abierta la posibilidad de descubrir
lo que se puede llegar a alcanzar con recursos tan limitados. Una
cosa son las intenciones y los planos establecidos a priori y otra
lo que se acaba haciendo en un momento dado y en circunstancias muy
concretas. Por lo que respecta a los resultados plásticos de
dicho proceso, a menudo hi encontramos trazos primordiales y formas
bastante universales en su simplicidad caligráfica. Hay muchas
firmas y muchas representaciones esquemáticas de formas básicas
y polisémicas, aún cuando en manos de Carme pasan inevitablemente
por la criba de su visión personal, de su mundo de significaciones.
En la contemplación
de su obra nos damos cuenta de su nivel de intuición cuando
se trata de captar temas universales que surgen casi de modo inevitable.
La evolución de Carme Bassa ha sido un proceso de ir probando
diferentes temas y técnicas y de ir siguiendo caminos de autoanálisis.
Su búsqueda formal es más consciente en el inicio de
cada etapa, cuando se familiariza con una nueva técnica, pero
a medida que va cogiendo seguridad con el medio, la intencionalidad
se va diluyendo y va perdiendo importancia.
En todo caso,
cuando Carme Bassa se escucha a ella misma y no se propone un ejercicio
consciente, cuando el propósito es más libre y menos
preconcebido, llega a hacer imágenes resplandecientes, elocuentes,
generosas y emocionantes: momentos concentrados de sabiduría,
de seguridad tranquila en sí misma; donde ya no hay dudas,
donde sólo hay luz y clarividencia. Una luz que se desprende
del reconocimiento de uno mismo, más allá de externalidades
y de cosas superfluas. La impresión que da entonces es la de
un retorno, o de una recuperación, no sólo de un descubrimiento.
El efecto es el de abrir un regalo de luz que ha sido envuelto con
un papel que le era accesorio y que sólo servía para
ocultarlo. Carme Bassa no tiene miedo de ir probando extremos de energía
y de oscuridad, de debilidad y sutileza y de todo aquello que pueda
haber en medio. En su obra hay una oportunidad para cada momento,
una composición para cada estado de ánimo.
Martina Millà
MA Institute
of Fine Arts (New York University)
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